Skip Navigation LinksL/L Research Library Transcripts - Table of Contents 1982 - Español La Ley del Uno, Libro V, Fragmento 46 - Sesión 96, 9 de septiembre de 1982
Skip Navigation Links
L/L Research
Home
Library
Are you a wanderer?
About Us
Carla’s Niche
Podcast
Online Course
Search
E-mail L/L
Copyright Policy
Recent Updates

Now on Bring4th.org

Bring4th.org

Forums

Online Store

Seeker Connector

Gaia Meditation

Subscriptions

Links

Donate/Volunteer

Join Us

Facebook

Twitter

Tumblr

Instagram


PayPal - The safer, easier way to pay online!

Biblioteca

Transcripciones de L/L Research

ACERCA DEL CONTENIDO DE ESTA TRANSCRIPCIÓN: Esta canalización telepática sintonizada se publicó originariamente como La ley del Uno, Libros I a V, por Don Elkins, James Allen McCarty y Carla L. Rueckert. Se facilita con la esperanza de que pueda serle útil. Al igual que las entidades de la Confederación siempre reiteran, le rogamos que aplique su juicio y su propio criterio al evaluar este material. Si algo le parece convincente, acéptelo; de lo contrario, descártelo, pues ni los miembros de la Confederación ni nosotros mismos desearíamos ser un escollo en el camino de nadie. (Traducción al español realizada por Pilar Royo.)

La Ley del Uno, Libro V, Fragmento 46

Sesión 96, 9 de septiembre de 1982

Jim: La base de Eastern Airlines para la que Don trabajaba como piloto estaba situada en Atlanta. El trayecto de ida y vuelta desde casa se le hacía cada vez más pesado, y ello redujo el tiempo disponible para las sesiones con Ra, debido a sus frecuentes ausencias y al tiempo que necesitaba para recuperarse de su agotamiento cuando estaba en casa. En el otoño de 1982 encontramos una casa cerca del aeropuerto de Atlanta que nos pareció adecuada para mudarnos, y de esa manera se reduciría el tiempo que Don empleaba en los desplazamientos. Anteriormente había estado habitada por personas que traficaban con drogas y que, según parece, habían tenido numerosas experiencias poco armoniosas en la vivienda que iba a convertirse en nuestro nuevo hogar. Parece ser que aquellas experiencias poco afortunadas de los antiguos inquilinos habían atraído elementales y entidades del bajo astral a la casa, que Carla era capaz de percibir de algún modo.

Ella tenía muchas ganas de mudarse a la nueva casa, pues ello hubiera ayudado enormemente a Don, al estar más cerca de su trabajo. Quería comprar una nueva moqueta para sustituir la que estaba estropeada, o al menos limpiarla a fondo para purificar la casa de presencias no deseadas, pero las limitaciones de nuestro presupuesto y su artritis no lo hacían posible. Por esa razón, se produjo un bloqueo del rayo azul de la comunicación dos días más tarde, mientras ella daba su paseo diario, lo que permitió a nuestro compañero de quinta densidad negativa irrumpir y agravar la situación en sentido mágico, hasta el punto de dejarla sin respiración durante unos treinta segundos. Era un símbolo de su incapacidad para hablar con Don sobre las necesidades de la casa. Pudo superar ese momento de angustia gracias a que mantuvo la calma, y el hecho de hablar con Don sobre la casa eliminó el bloqueo.

Las preguntas relativas al mal funcionamiento de la grabadora se deben a los sonidos extraños que esta registró unos días después, cuando Carla trataba de grabar algunos de sus cantos para enviárselos a un amigo.

La última parte de esta sesión retoma el tema de la casa próxima al aeropuerto de Atlanta que iba a convertirse en nuestro nuevo hogar. En nuestra opinión (personal y falible), a partir de ese momento comenzaron los problemas que acabaron por llevar a la muerte de Don. Al regresar a nuestra casa de Louisville después de haber visitado el que iba a ser nuestro nuevo hogar en Atlanta, apenas habíamos franqueado la puerta principal cuando, súbitamente, un halcón cuyas alas abarcaban algo más de un metro de envergadura se posó fuera de la ventana de la cocina, permaneció allí por unos momentos, y a continuación voló hasta las copas de los árboles. Carla y yo interpretamos la aparición del halcón como un signo que confirmaba la idoneidad de la casa de Atlanta como nuestro huevo hogar; pero Don no estaba tan seguro de que el halcón fuera una buena señal, y comenzó a dudar de si deberíamos mudarnos de casa en absoluto.

Carla: No puedo llegar a expresar cuánto sentí que el «rancho» de Atlanta del que se habla aquí no llegara a ser nuestro hogar. En él, Don estaba tan solo a tres millas del aeropuerto. Era un lugar muy agradable, aunque peculiar, pues no había ningún muro que lo separara de la cuadra adyacente. Su alquiler resultaba más barato que el de la casa de Louisville, el clima era más cálido, y había espacio suficiente para que Jim se sintiera a sus anchas y tuviera su propio pequeño espacio, y lo mismo podía decirse respecto a Don y a mí. Lo que frustró nuestros planes fue la actitud de Don, muy característica, imagino, de una profunda depresión. No quería emplear dinero en limpiarla a fondo. La suciedad del lugar era general, pues había sido descuidado durante cierto tiempo; habían quitado el polvo y habían pasado el aspirador de cuando en cuando, pero por todas partes había todo tipo de manchas y una capa de suciedad incrustada que necesitaba un vigoroso fregado. La solución más lógica era, sencillamente, reemplazar la moqueta de todas las zonas estropeadas; la otra opción era alquilar los servicios de una agencia de limpieza que dispusiera de material profesional. Pero Don no quería saber nada de eso.

Cuando el halcón alzó el vuelo y Don lo interpretó como un mal presagio, no hubo más que hablar. Por lo concernía a él, todo había quedado zanjado. En ese momento, como ha señalado Jim, se produjo un rotundo cambio en la paz mental de Don. Estaba más preocupado que nunca por mantener suficiente energía para seguir trabajando como piloto, y sin embargo todo parecía complicarse demasiado. Cuando intentamos comprar la casa de Louisville a su propietario, surgió una discrepancia en torno a la cantidad de 5.000 dólares entre el propietario y Donald, y la compra no se concretó. Así que teníamos que trasladarnos a otra parte, pues el dueño de la propiedad de Louisville la vendió a otro comprador. Finalmente, Don dio el visto bueno a una casa encantadora y bastante cara en la zona del Lago Lanier, a unas 40 millas de pesado tráfico desde el aeropuerto. No habíamos tenido en cuenta que el tráfico en Atlanta es terrible; después de que se celebraran allí las olimpiadas, toda la nación se había dado cuenta de aquello. Y Don tenía que conducir desde el extremo norte, atravesar todo el embotellamiento de tráfico y llegar hasta el extremo sur, donde estaba el aeropuerto. Le costaba más llegar allí desde la casa del lago, que desde Louisville (desde allí solo había un breve trayecto hasta el aeropuerto; una hora de viaje hasta Atlanta). El trayecto en coche desde el lago era siempre de entre una hora y media a dos horas, debido a los problemas del tráfico. Simplemente, parecía no haber alivio ni solución a nuestros problemas en aquella casa. Todo aquello comenzó a complicarnos las cosas a los tres, que en cierta forma no disponíamos de un lugar que se acoplara a nuestras necesidades.

Si Donald hubiera estado en condiciones normales, habría podido expresar sus diversos temores. Pero Don era Don, un hombre maravilloso, sensato, encantador, divertido y verdaderamente genial, pero también muy particular, que desde bien joven había fingido no tener preferencias y ser un mero observador. Tras su muerte descubrí que había estado desarrollando verdaderos temores de que le dejara por Jim. Pero no me lo comentó, siguiendo con su costumbre de comportarse como si no le pasara nada. Por eso, me sentía tremendamente confusa. Me imaginaba que simplemente estaba preocupado por conseguir el lugar perfecto, y se pasaba las horas muertas leyendo los anuncios del periódico para encontrar un lugar que le pareciera conveniente, pero sin éxito. A partir de ese momento, ya nunca volvimos a encontrar la paz. Y poco a poco, me di cuenta a nivel profundo de que algo grave le pasaba a Don. Comenzó a comportarse de manera muy poco habitual en él, sin querer abandonar mi presencia, hasta el punto de escuchar mis ensayos musicales, de observarme cuando hacía ejercicio, de dormir en mi habitación; en definitiva, todo ese tipo de cosas que normalmente él hubiera desdeñado. No me tomé todas aquellas cosas como algo positivo, pues amaba profundamente al Don irascible e indiferente, y esperaba recuperarle.

Estuve llorando a Donald durante meses cuando todavía estaba vivo, pues cambió rápidamente, hasta el punto de que ya no le reconocía. Aquella fue una época de profunda aflicción para Don y para mí. Jim estaba muy preocupado por nosotros, pero mantenía la estabilidad, mientras que Don y yo traspasábamos rápidamente los límites de la normalidad. Caí en una depresión nerviosa. Solicité ayuda y la encontré en la familia, los amigos y los terapeutas. Así conseguí salir de mi depresión y continuar funcionando a nivel básico. Don también sufrió una depresión nerviosa, pero él rompió con la realidad y se encontró en un lugar donde parecía que nadie, ni siquiera yo, podíamos hacer nada por ayudarle.

Sesión 96, 9 de septiembre de 1982

Interrogador: ¿Podéis indicar la causa de la disminución de las energías físicas y vitales?

Ra: Soy Ra. Hemos tenido que examinar las configuraciones mentales del instrumento antes de formular la respuesta, debido a nuestra renuencia a transgredir su libre albedrío. Los conceptos relativos a la contemplación espiritual de los catalizadores personales han sido ya valorados por la entidad, así que podemos continuar.

La actitud habitual de esta entidad es singular; es decir, cuando es necesario actuar, tiene la costumbre de analizar el catalizador en términos de servicio, y de determinar un camino a seguir. Se ha producido una variación muy poco usual en la configuración de esa actitud cuando el instrumento ha visto la residencia que va a habitar este grupo. Este instrumento ha percibido a los elementales y a los seres de naturaleza astral de los que hemos hablado. Su deseo ha sido servir, queriendo alquilar el domicilio en cuestión, pero ha constatado que sus instintos reaccionaban a presencias no bienvenidas. La división de la configuración mental se ha acentuado por el catalizador permanente de una falta de control. Si esta entidad hubiera podido emprender la limpieza física del lugar, no se hubiera producido ninguna apertura.

Aunque esta entidad ha intentado establecer una comunicación clara sobre esta cuestión, y aunque cada uno de los miembros del grupo de apoyo ha hecho lo mismo, no se ha alcanzado la cantidad de trabajo del rayo azul necesario para exponer y comprender la naturaleza del catalizador. Ello ha dado lugar a una apertura muy extraña para este complejo mente/cuerpo/espíritu, y gracias a esa apertura vuestro compañero ha irrumpido y ha llevado a cabo lo que puede considerarse como la más poderosa de sus manifestaciones puramente mágicas en la confluencia actual, tal como concebís el tiempo.

Es una ventaja que este instrumento no tenga inclinación hacia lo que podríais llamar «histeria», pues el potencial de ese trabajo era tal que si el instrumento hubiera permitido que su temor superara a la voluntad de perseverar cuando no ha podido respirar, entonces cualquier esfuerzo por mantener la respiración se hubiera tornado cada vez más difícil, hasta que hubiera sobrevenido la asfixia, cosa que deseaba vuestro compañero, que os sirve a su manera. En ese caso, el instrumento hubiera abandonado esta encarnación.

Interrogador: ¿Esa amenaza, por llamarla así, sigue existiendo; y si es así, podemos hacer algo para mitigarla?

Ra: Soy Ra. Esa amenaza, como la llamáis, ya no existe. La comunicación que han logrado quien transcribe las preguntas y quien las formula ha conseguido cerrar la apertura y ha permitido que el instrumento comience a asimilar el catalizador que ha recibido.

Interrogador: ¿El sonido extraño producido por la grabadora del instrumento mientras hacía pruebas de grabación de su canto se debió también a un ataque de nuestro compañero de quinta densidad negativa?

Ra: Soy Ra. No. En realidad, fue resultado de un aparato electrónico defectuoso.

Interrogador: Entonces, ¿no había ningún catalizador que provocara el mal funcionamiento del aparato por parte de ninguna entidad negativa?; ¿se trataba solamente de un mal funcionamiento aleatorio del aparato?

Ra: Soy Ra. No.

Interrogador: ¿Cuál fue la causa del mal funcionamiento?

Ra: Soy Ra. Hay dos problemas con el aparato. En primer lugar, este instrumento produce un fuerte efecto sobre los aparatos y los instrumentos electromagnéticos y electrónicos y, si desea utilizar de manera continua alguno de ellos, debería pedir a otra persona que los manipule. Además, se ha producido un problema de interferencia física con el elemento que llamáis «cinta magnética», que se ha enganchado con los botones cercanos cuando se ha accionado el botón «play», como lo llamáis.

Interrogador: ¿Cómo puede saber Ra esta información? Sé que esta pregunta no es muy importante, pero me sorprende que Ra esté tan al corriente de estas cosas triviales. ¿Cómo lo hacéis; os desplazáis en el tiempo/espacio y examináis el problema, o hacéis algo más?

Ra: Soy Ra. Tu suposición primera es correcta; la segunda no la comprendemos.

Interrogador: Queréis decir que os desplazáis en el tiempo/espacio y examináis la situación para determinar el problema, ¿no es así?

Ra: Soy Ra. Así es.

Interrogador: ¿Tiene algún significado el halcón que hace unos días se posó justo fuera de la ventana de la cocina?

Ra: Soy Ra. Es correcto. Podemos observar que nos parece interesante que las preguntas que se nos plantean suelen conocerse ya. Suponemos que nuestra confirmación es valorada.

Interrogador: Esto parece guardar relación con el concepto del pájaro que actúa como mensajero en el tarot, y ha sido una demostración de ese concepto. Me preguntaba sobre el mecanismo, por llamarlo así, de este tipo de mensaje. Supongo que el halcón era un mensajero, y que como he pensado sobre su posible significado en relación con nuestra actividad, he recibido en un estado de libre albedrío un mensaje bajo la forma de este pájaro poco habitual (quiero decir que no es habitual que se acercara tanto a nosotros). Me gustaría saber cuál era el origen del mensaje. ¿Puede comentarlo Ra?

Ra: Soy Ra. No.

Interrogador: Me temía que daríais esa respuesta. ¿Estoy en lo cierto al suponer que este es el mismo tipo de comunicación que el que se representa en la carta número Tres, la del Catalizador de la Mente?

Ra: Soy Ra. No podemos comentarlo, debido a la Ley de la Confusión. Existe un nivel aceptable de confirmación de elementos conocidos, pero cuando ondea el sigilo [1] subjetivo reconocido y el mensaje no es obvio, debemos permanecer en silencio.

 

[1] sigilo: sello o impresión; marca o signo al que se atribuyen supuestos poderes ocultos (del latín, siggilum).

  Skip Navigation LinksL/L Research Library Transcripts - Table of Contents 1982 - Español La Ley del Uno, Libro V, Fragmento 46 - Sesión 96, 9 de septiembre de 1982

Copyright © 2017 L/L Research