Skip Navigation LinksL/L Research Library Transcripts - Table of Contents 1981 - Español La Ley del Uno, Libro V, Fragmento 34 - Sesión 60, 1 de julio de 1981
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Transcripciones de L/L Research

ACERCA DEL CONTENIDO DE ESTA TRANSCRIPCIÓN: Esta canalización telepática sintonizada se publicó originariamente como La ley del Uno, Libros I a V, por Don Elkins, James Allen McCarty y Carla L. Rueckert. Se facilita con la esperanza de que pueda serle útil. Al igual que las entidades de la Confederación siempre reiteran, le rogamos que aplique su juicio y su propio criterio al evaluar este material. Si algo le parece convincente, acéptelo; de lo contrario, descártelo, pues ni los miembros de la Confederación ni nosotros mismos desearíamos ser un escollo en el camino de nadie. (Traducción al español realizada por Pilar Royo.)

La Ley del Uno, Libro V, Fragmento 34

Sesión 60, 1 de julio de 1981

Jim: Las dos primeras preguntas de esta parte de la Sesión 60 tienen que ver con la tendencia de Carla hacia el martirio en general; es decir, en el caso del contacto Ra, su deseo de servir al contacto era lo suficientemente fuerte como para abrirse totalmente a él hasta que no quedara energía vital para su propia transición sin problemas al estado de vigilia. La sugerencia de Ra al respecto fue que si reservara parte de la energía vital, sería posible que el contacto se prolongara durante un mayor periodo de tiempo. Ra reconoció que su lección básica en la encarnación era generar la mayor compasión posible, y ello estaba en la raíz de su apertura sin reservas al contacto, pero insinuó también que un poco más de sabiduría para reservar una pequeña parte de su energía vital podría reforzar su servicio.

De hecho, todo nuestro grupo estaba entonces en proceso de aplicar mayor cautela respecto a la frecuencia de las sesiones. Habíamos comenzado a recorrer el camino del martirio al mantener sesiones con demasiada frecuencia y al entregarse el instrumento hasta el punto del agotamiento. Como habíamos seguido manteniendo sesiones cuando Carla no estaba en plena forma, Ra también nos sugirió que pasar a una prudencia exagerada para planificar sesiones más espaciosas y hacer descansar en exceso a Carla era tan nefasto para la preservación del contacto como nuestra actitud primera de mártires. Al mantener las sesiones, distribuir el material a otros y vivir la vida cotidiana en general, hemos hallado que existe una especie de dedicación al servicio al prójimo que es provechosa. Pero cuando esa dedicación se concentra en un fuerte deseo de obtener un resultado concreto, entonces se deforma el servicio con ideas preconcebidas. «Que se haga no mi voluntad, sino la Tuya» es la actitud que ofrece el servicio más eficaz.

Una vez más, vemos el beneficioso papel que una limitación física puede desempeñar en la propia encarnación. En este caso, la artritis de Carla parece ser el medio que determinó antes de la encarnación para centrar su atención no en las actividades mundanas habituales, sino en la vida interior, la vida de meditación y contemplación que su limitación física le ofrecía. Esa misma limitación se ha empleado también para llevar a cabo otras lecciones escogidas antes de la encarnación, como menciona Ra en las últimas dos respuestas. Tales limitaciones escogidas antes de la encarnación desconciertan a muchos sanadores, que creen que no hay ninguna enfermedad que sea realmente necesaria. Sin embargo, parece ser que algunas personas escogen lecciones que emplearán en la totalidad de la encarnación, y no solamente durante una parte de ella. Por ello, las distorsiones necesarias para presentar las oportunidades propias de este tipo de lecciones no son susceptibles de ceder a los esfuerzos de los terapeutas.

Carla: Puede parecer que toda mi vida ha estado regida por la enfermedad y las limitaciones pero, en realidad, no es así. En cierta época, cuando Donald había muerto y yo todavía no había decidido totalmente sobrevivirle, mi estado empeoró hasta el punto en que tenía que permanecer en posición horizontal todo el tiempo. Pero incluso entonces era capaz de grabar mensajes y de canalizar, hasta el mismo final de aquella etapa oscura, un mes o así antes de tener que acudir al hospital, en enero de 1992. Y puedo decir con total honestidad que incluso en aquel extremo, deseaba seguir aquí.

Hoy en día, sencillamente no pienso demasiado en mis achaques y dolores, y no creo que otras personas observen nada extraordinario en mí. No parezco estar enferma, y tampoco me comporto como si lo estuviera, así que la gente sencillamente supone que estoy sana. Después de haber hecho todo lo que estaba en mi mano para mejorar mi estado sin llegar a conseguirlo, he llegado a la conclusión de que los síntomas de dolor que experimento no son una señal, sino el ruido. Esta es la teoría básica de cómo abordar el dolor que aprendí en rehabilitación, aquel aciago año de 1992. Algo que no tiene un mensaje es inútil, con independencia de lo molesto que sea. Iba en una de esas sillas de ruedas en las que los empleados de aerolíneas transportan a los ancianos y a los enfermos, y caí en la cuenta del constante traqueteo a medida que el carrito atravesaba su camino entre los peatones de aquel gran pasaje. La persona que empujaba la silla de ruedas dijo que ya ni siquiera lo notaba, de tan acostumbrada que estaba a él. Eso es. No es algo que domine a la perfección: me quejo al menos diariamente a mi pareja, quien ha identificado escuchar ese informe diario como un servicio al aburrimiento. La verdad es que refunfuñar un poco ayuda, con tal de que quien se queja no se lo tome demasiado en serio.

Sé que esto no es fácil, y de hecho pasé meses en aquel periodo pensando que quizá no lo conseguiría. No es fácil afrontar el dolor, y especialmente el dolor vetusto, agudo como un cuchillo que paraliza, ni tampoco es fácil ocuparse de las cristalizaciones que impiden levantar los brazos y mantienen la espalda alejada del cuello. Lo que me salvó fue el amor. Tengo verdadera pasión por la cocina. Me encanta experimentar con los sabores, mezclar hierbas y especias y todo tipo de alimentos. El hecho de que el resultado de ese pasatiempo sean platos que los demás disfrutan es ya la guinda del pastel. Me vi obligada a alejarme de la cocina hace 12 años. Después de exhaustivas pruebas para garantizar que no iba a empeorar mi estado, estaba en condiciones de retomar las actividades culinarias. Me encantaba estar en la cocina, hasta el punto de que me quedaba en los fogones y cocinaba mucho tiempo más del que hubiera aguantado si hubiera estado sentada o de pie sin hacer nada. En aquellos momentos fue el amor que sentía por Jesús (le prometí que me pondría mejor, y alabé y agradecí y glorifiqué Su sagrado Nombre). Es algo que sigo haciendo con frecuencia. Entre los dos, se operó el milagro, ofrecido por el Amor para el amor por el Amor. Y rezo para poder compartir mi historia, la de ser un Errante y una persona que desea servir, con todos aquellos que están despertando a su identidad espiritual en este momento que vivimos.

Sí, sigo limitada por mis restricciones físicas. He pasado literalmente años perfeccionando un programa con el que puedo vivir, que incluye la mayoría de las cosas que deseo en mi vida, sin estresar demasiado mi frágil cuerpo. Llegados a este punto, Jim y yo resolvemos las cosas bastante bien, y he tenido la suerte de librarme de las dificultades durante un año o así. ¡Por algo se empieza! Sencillamente, ahora hago las cosas al ritmo que sé que es seguro para mí.

Ni que decir tiene que cuando este contacto estaba ya en marcha, no tuve tal concepto de precaución. Adoraba a Don, él deseaba ese contacto más que ninguna otra cosa que yo hubiera visto; durante aquel tiempo fue realmente un hombre feliz. Aquellos momentos fueron dorados para mí: no había tenido más que un objetivo durante mucho tiempo desde 1968 en adelante, y ese era construir un verdadero hogar, en sentido físico y metafísico, para Don. Sabía que a él le bastaba con estar conmigo, así que sentía que siempre era de ayuda. Pero ese estado en el que él estaba era único. Ahí estaba mi amor atormentado, en perfecta paz y totalmente satisfecho con su vida por primera y única vez. Me moría de impaciencia por mantener la siguiente sesión, tan solo para poder verle sonreír de nuevo de satisfacción.

Por las preguntas que Don planteaba, no es difícil observar que estaba convencido de que mis mayores oportunidades de sanación radicaban en el trabajo mental que seguía el culto que él había escogido: la fe de la Iglesia Madre de Cristo Científico. Cuando un miembro de su familia cogía un resfriado o una enfermedad, solía llamar al facultativo practicante de ese culto, que dedicaba cierto tiempo a la oración y la meditación, afirmando la perfección de todo lo que parecía ser imperfecto. Esa forma de pensamiento es muy valiosa, y deseo rendir homenaje a esa maravillosa práctica de afirmar la perfección. Pues es la verdad primordial: detrás de todo lo que parece imperfecto está la total, indescriptible perfección, más allá de toda medida. Así lo he sentido siempre y lo siento, aunque nunca he sido capaz de expresarlo con palabras; pero tengo la convicción de que esas experiencias son auténticas.

En cuanto a la idea de que haya escogido mis limitaciones antes de la encarnación, y la lección de dar amor sin expectativa de recibir nada a cambio, ambos temas habían sido examinados durante una regresión de las vidas anteriores, realizada con Larry Allison en 1975, y estaba segura de que era precisamente así. Lo sentía como una verdad que clamaba con la profundidad que asocio a la verdad personal. Sentía y siento siempre que tengo la suerte de estar viva, y si debo pagar un precio por ello, bienvenido sea. ¡Me alegro de poder participar de la fiesta! Cuando muera y deje este mundo, espero estar satisfecha por haber hecho todo lo que pude, cosa que todavía no siento. Lo que sé es que todavía tengo que escribir cierto testimonio de las verdades que se me han enseñado a tan alto precio. Cuando haya escrito todo lo que sé sobre la vida de devoción que he llevado en medio de todo ello, entonces estaré relativamente satisfecha de haber cumplido mi parte del servicio. Pero nunca sabemos dónde acaba ese servicio, ¿no es así? No doy por hecho que sé todo lo que el destino tenía reservado para mí; y precisamente prefiero dejar que me sorprenda.

Sesión 60, 1 de julio de 1981

Interrogador: Creo que la mejor manera de que el instrumento mejore su estado es mediante periodos de meditación seguidos por periodos de contemplación respecto a su estado y a su mejora. ¿Podéis decirme si estoy en lo cierto, y comentarlo?

Ra: Soy Ra. La meditación y la contemplación nunca son actividades perjudiciales. No obstante, pensamos que con toda probabilidad, esa actividad no alterará de manera significativa las predisposiciones de este instrumento que causan las distorsiones fundamentales que nos han desconcertado tanto como a vosotros.

Interrogador: ¿Podéis decirme cuál es el mejor enfoque para modificar y alcanzar un estado más aceptable de las distorsiones que el instrumento está sufriendo?

Ra: Soy Ra. Hay cierto trabajo que el instrumento puede hacer relativo a sus decisiones antes de la encarnación respecto al servicio al infinito Creador en esta experiencia. Aun así, la decisión de abrirse sin reservas para ofrecer el yo cuando se percibe la ocasión de prestar servicio es una elección tan fundamental que no es susceptible de modificación significativa, ni tampoco quisiéramos interferir con el proceso de equilibrado que se está produciendo en esta entidad particular. La sabiduría y la compasión que se equilibran mediante esta recapitulación de cuarta densidad es útil para este complejo mente/cuerpo/espíritu particular. No es una entidad muy dada a poner objeciones en lo que concierne a la pureza con la que lleva a cabo lo que cree que es lo mejor que puede hacer. Podemos decir que eso se debe al conocimiento de sí que tiene el instrumento, y que es lúcido sobre ese punto. Sin embargo, esta misma discusión puede dar lugar a una dedicación ligeramente menos abierta al servicio, de manera que este pueda prolongarse durante un mayor periodo de tiempo de vuestro espacio/tiempo.

Interrogador: Entonces, estáis diciendo que las distorsiones físicas que el instrumento experimenta forman parte de un proceso de equilibrado, ¿es así?

Ra: Soy Ra. No es correcto. Las distorsiones físicas se producen como resultado de que el instrumento no acepte plenamente las limitaciones, impuestas antes de la encarnación, sobre las actividades de la entidad una vez que su trabajo ha comenzado. Las distorsiones provocadas por este trabajo son inevitables dado el plan escogido por esta entidad; dan lugar a la limitación y, hasta cierto punto, se corresponden con la cantidad de energía física y vital empleada, con la fatiga, pues para este instrumento esta tarea equivale a numerosas horas de duro trabajo físico.

Por esa razón hemos sugerido que los pensamientos del instrumento favorezcan la posibilidad de orientar su yo superior hacia cierta reserva de la energía empleada. En este momento, el instrumento está totalmente abierto hasta que todas las reservas de energía se agoten completamente. No tenemos nada que objetar, si eso es lo que desea; sin embargo, ello acortará el número de sesiones de trabajo a largo plazo.

Interrogador: ¿Espaciar las sesiones de trabajo a intervalos mayores de tiempo entre cada una de ellas puede ser más útil?

Ra: Soy Ra. Es lo que ya habéis hecho, pero tampoco es útil que vuestro grupo se desequilibre por la preocupación sobre las partes sucesivas de esta labor. Si a vuestro juicio este instrumento está capacitado y si el grupo de apoyo funciona como debe, si todo es armónico y si las preguntas a formular se han escogido cuidadosamente, la sesión es bienvenida. Poner demasiado énfasis sobre el estado del instrumento es tan nefasto para la eficacia de este contacto como el comportamiento antitético que habéis mantenido en el pasado.

Interrogador: Aparte de las sesiones de trabajo, me preocupan las distorsiones físicas del instrumento en la zona de las manos y los brazos. ¿Hay algún ejercicio mental o de otro tipo que el instrumento pudiera realizar para aliviar los graves problemas que sufre en este momento en las manos, etc.?

Ra: Soy Ra. Sí.

Interrogador: ¿Se trataría de realizar un ejercicio de meditación y contemplación sobre la paliación de estos problemas?

Ra: Soy Ra. No.

Interrogador: ¿Qué debería hacer para aliviar esos problemas?

Ra: Soy Ra. Como hemos dicho, este instrumento, al advertir que carecía de compasión para equilibrar la sabiduría, escogió una experiencia de encarnación en la que necesariamente se pondría en situaciones en las que debería aceptar el yo en ausencia de la aceptación del prójimo, así como la aceptación del prójimo sin esperar nada a cambio o sin transferencia de energía. No es un programa fácil para una encarnación, pero esta entidad lo consideró apropiado. Por lo tanto, tiene necesidad de meditar y de aceptar conscientemente al yo, en todo momento, aceptarlo con sus limitaciones, que están ahí a los únicos fines de llevarla a la sintonización precisa que estamos utilizando. Además, después de haber aprendido a irradiar aceptación y amor sin esperar nada a cambio, esta entidad debe ahora equilibrar todos esos elementos aprendiendo a aceptar los dones del amor y de la aceptación del prójimo, algo con lo que este instrumento tiene cierta dificultad. El equilibrio de estos dos tipos de trabajo ayudarán a esta entidad a liberarse de la distorsión llamada «dolor». Las limitaciones se han fijado así, en gran medida.

Interrogador: ¿El hecho de que el instrumento haya tomado ya conciencia de ello es la razón por la que la primera distorsión que impedía que nos comunicarais esto no haya sido puesta en práctica?

Ra: Soy Ra. No es solo correcto para esta entidad que ha tomado conciencia de estos aprendizajes/enseñanzas después de varios de vuestros años, sino también para cada uno de los miembros del grupo de apoyo. La posibilidad de ofrecer esta información no existía hasta esta sesión.

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