Temas: Equilibrar un énfasis excesivo en el desarrollo de la mente; servir a quienes padecen trastornos mentales; la violencia en Oriente Medio; compartir una vida espiritual sin infringir el libre albedrío de los demás.
(Canaliza Austin)
Q’uo
Soy Q’uo. Saludamos a este círculo en el amor y en la luz del Creador Uno Infinito. Nos sentimos honrados y felices más allá de toda expresión por haber sido convocados a este grupo y a este círculo para unirnos a vosotros como hermanos y hermanas en vuestro camino de búsqueda. A lo largo del tiempo que habéis pasado juntos en estos últimos días, hemos estado con vosotros. Porque nos habéis llamado, tanto explícita como silenciosamente en vuestro corazón. Hemos saboreado la magia contenida en cada interacción, en cada momento de magia que se ha producido este fin de semana. Para nosotros ha sido un verdadero placer estar con vosotros.
Como hemos dicho, nos unimos a vosotros como compañeros, humildes buscadores en el camino. No nos dirigimos a vosotros para daros directrices, sino más bien para compartir aquello de lo que hemos sido testigos en nuestros propios viajes. Porque habremos viajado un poco más lejos que vosotros y habremos visto cosas que permanecen ocultas en vuestra densidad, y deseamos contaros esas cosas. Pero no deseamos infringir vuestro propio viaje o ser un escollo para vosotros.
Así que quisiéramos haceros nuestra sempiterna petición y descargo de responsabilidad, y es que en cualquier palabra o pensamiento que compartamos hoy con vosotros, toméis sólo aquellos que os sean de alguna utilidad, sea cual fuere dicha utilidad. Y si algo de lo que compartimos no resuena o no tiene valor para vosotros, que lo dejéis a un lado. Si nos concedéis esta petición, ello nos permitirá hablar con mayor libertad y más abiertamente de las cuestiones que nos habéis planteado hoy. Agradecemos vuestra presencia y vuestra compañía en este viaje.
En este momento, quisiéramos preguntar si hay alguna pregunta a la que podamos responder.
E
Sí, gracias, Q’uo. En las sociedades occidentales, parece haber una atención desproporcionada en desarrollar y trabajar el complejo mental. ¿Puedes orientarnos o sugerirnos vías o sistemas para desarrollar y trabajar más con los complejos corporal y espiritual? ¿Cómo se puede expresar la polaridad elegida en los complejos corporal y espiritual?
Q’uo
Soy Q’uo y estoy al tanto de la pregunta, hermana mía. Te agradecemos la oportunidad de hablar sobre esta pregunta. Porque tal como ha observado quien formula la pregunta, nosotros también observamos un cierto desequilibrio en la forma en la que, la así denominada cultura occidental, se ha desarrollado y progresado en términos del enfoque de lo que se desarrolla y lo que se utiliza. Nos gustaría ofrecer algunas aclaraciones y opiniones en el marco de esta cuestión, y al hacerlo, esperamos abordar el meollo de la consulta.
De hecho, dentro de vuestras sociedades occidentales, parece que se pone un gran empeño en el desarrollo de la mente. Nos gustaría enfatizar que este desarrollo tiene lugar en el seno de los aspectos más analíticos, conscientes y racionales de la mente, y es aquí donde encontramos este desequilibrio. Porque la naturaleza y el trabajo de la mente es mucho mayor que aquello en lo que se ha focalizado vuestra cultura occidental, por así llamarla.
Hablar del complejo corporal y del complejo espiritual, y de cómo desarrollarlos más en el servicio y en la elección de la polaridad, sería pasar por alto el hecho de que la mente, el cuerpo y el espíritu operan al unísono. Así que este exceso de énfasis en un aspecto particular de la mente requiere de una corrección en lo que respecta a esta percepción de la mente y a lo que tiene que ofreceros como buscadores en este camino. Y para poder hablar de cómo desarrollar más el complejo corporal y el complejo espiritual y utilizar estos aspectos del yo para el servicio, será necesario afrontar y corregir este desequilibrio de la actividad del propio complejo mental.
Por ahí es por donde empezaríamos a abordar esta cuestión. Porque, aunque el tipo de desarrollo que se le da a la mente en el así llamado pensamiento occidental tiene una gran ventaja en cuanto al pensamiento analítico y racional, existe el inconveniente de que la mente es increíblemente activa. La mente busca y capta constantemente y no se queda quieta. Esta quietud es esencial para poder seguir trabajando sobre uno mismo.
Por eso, tal vez no os sorprenda que ofrezcamos nuestra sugerencia habitual a todos los buscadores que desean profundizar en su método de servicio y autoconsciencia: que la práctica regular de la meditación, sea cual sea el tipo y la forma de meditación que más resuene con uno mismo, constituye el aspecto más importante para comenzar este trabajo. Cultivar la quietud dentro de uno mismo, dentro de la mente, es un requisito previo para empezar a comprender y establecer una relación con el complejo corporal y con el complejo espiritual.
No podríamos enfatizar esto lo suficiente. Porque la mente desempeña un papel primordial para vosotros en tanto que buscadores. En parte, esta es la razón por la que aquellos que se han dedicado a desarrollar vuestro pensamiento occidental en relación con la mente le han dado tanta importancia. Porque es la mente la que recibe la información del cuerpo y la inspiración del espíritu, y es la mente la que utiliza e integra estos aspectos del ser para avanzar en el camino y ofrecerse en servicio.
Por lo tanto, este requisito previo, de suma importancia, debe mantenerse antes de seguir desarrollando la relación con el cuerpo y el espíritu. Una vez establecida esta práctica, se puede comenzar a desarrollar una relación amable, amistosa y amorosa con el complejo corporal. Esto requiere de la quietud de la mente, porque hay que tomar consciencia de la comunicación que nos ofrece el complejo corporal: aquellas cosas que experimentamos como sensaciones, como placer, como dolor, como movimiento, como quietud del cuerpo. Todo ello ha de percibirse y llevarse a la mente, en aceptación abierta y amorosa, para que el yo lo comprenda y lo equilibre. He aquí la importante progresión de la mente al cuerpo.
Solo podemos ofrecer sugerencias generales de cómo desarrollar específicamente esta relación. Cada complejo corporal es único, y también es única la forma en que la mente percibe y se relaciona con el cuerpo. Pero somos conscientes de que hay muchos, muchos sistemas y filosofías en vuestro planeta que están diseñados específicamente para ayudar a desarrollar la relación y el vínculo entre el cuerpo y la mente. En la mente de este instrumento, la forma más común de cultivar este vínculo entre el cuerpo y la mente se llama yoga, pero este no es sino un sistema en el que el cuerpo y la mente se reúnen expresamente en una práctica regular y se concentran a la vez.
Es posible que encuentres uno de estos sistemas específicos por ti mismo, o que desarrolles tu propia relación íntima con tu cuerpo y la forma en que éste desea desarrollar su propia relación con tu mente. Porque el cuerpo tiene su propia inteligencia, sus propios deseos, su propio método de búsqueda. Y si la mente está lo bastante sosegada como para escuchar, puede recibirlos e integrarlos en una práctica espiritual regular, además del requisito previo de la meditación que hemos mencionado.
Es el siguiente paso en ese proceso. Porque también es lo que se podría llamar un requisito previo para el trabajo, el que el espíritu, la mente y el cuerpo estén en armonía. La capacidad de estar en quietud o de moverse con intención consciente, fusionando armoniosamente los deseos de la mente y el cuerpo, es de suma importancia para comenzar lo que podría llamarse el trabajo del espíritu. Este paso posterior es muy difícil de explicar con vuestro lenguaje. Porque el complejo espiritual es, en sí mismo, completo y perfecto.
Desde nuestra perspectiva, y dado que somos capaces de ver la naturaleza del espíritu, especialmente en el tiempo/espacio, no es necesario realizar ningún trabajo sobre el espíritu. Porque éste ya posee una comprensión plena y completa del yo como el Creador Uno e Infinito. Más bien, lo que hay que trabajar es la forma en que la mente percibe, comprende y atrae los dones del espíritu al yo. Comprender esta plenitud innata del espíritu y darse cuenta de que el espíritu es uno mismo, que es una representación perfecta de uno mismo como el Creador Uno Infinito y [que] puede funcionar como un portal de acceso al potencial infinito del Creador Uno Infinito, puede proporcionarle a uno el funcionamiento integrado de la mente, el cuerpo y el espíritu conjuntamente, para poder actuar al servicio de los demás.
Hacemos hincapié en que servir dentro de vuestra tercera densidad es, de hecho, necesario para integrar estos tres aspectos del ser. El cuerpo desempeña la importante función de permitiros interactuar y moveros dentro de vuestra densidad para relacionaros con los demás. La mente no puede hacer esto por sí sola, y el espíritu no tiene forma de aportar los dones del Creador a vuestro reino sin el consentimiento, el funcionamiento y el movimiento del cuerpo dirigidos por la mente.
Esperamos haber dibujado la imagen de un ser integrado, donde la mente esté equilibrada y el desbalance del pensamiento occidental y su énfasis en la racionalidad y el intelecto se haya aquietado, para que vosotros, como complejos mente/cuerpo/espíritu, al captar vuestra perfección e integridad a través del espíritu, podáis ofrecer esta inspiración y potencial infinito, que os es enviado a través del espíritu, a vuestro mundo. Y al hacerlo os daréis cuenta de la perfección que os rodea, de la belleza de todas las cosas que podéis presenciar e interactuar con ellas, de que todas las cosas que vuestra mente perciba y con las que vuestro cuerpo pueda entrar en contacto y sentir contienen la totalidad y la perfección de la creación infinita.
¿Hay alguna otra pregunta a la que podamos responder?
V
Sí, la segunda pregunta del círculo es: ¿cómo se puede ofrecer servicio a las personas que sufren trastornos mentales?
Q’uo
Soy Q’uo, y estoy al tanto de la pregunta, hermano mío. Nos sentimos honrados al recibir esta pregunta, pero quisiéramos enfatizar, ante todo, que en cuestiones relacionadas con la forma en que se puede ofrecer servicio, aquél a quien se va a servir debe ser el primero a quien se le pregunte cómo se le puede servir. Entendemos que es probable que el que hace la pregunta ya lo comprenda, pero queremos recalcar que el servicio solo se puede ofrecer cuando se solicita.
Y que no podemos hablar en nombre de nadie, incluyendo a aquellos que podríais considerar que tienen algún tipo de trastorno o de configuración mental. Pero podemos compartir con vosotros nuestra visión acerca de esta interacción de servicio, acerca de lo que vuestra sociedad y cultura ha denominado trastorno mental. Y os pediríamos, como buscadores que deseáis prestar servicio a aquellos que padecen esta distorsión, que diérais un paso atrás, por así decirlo, y observéis el panorama general de vuestra sociedad y cómo ha definido lo que es un trastorno en contraposición a lo que es el funcionamiento normal de vuestra mente y vuestro cerebro. Porque puede que descubráis que, al hacerlo, hay una gran distorsión en la percepción que tiene vuestra sociedad de lo que son esos trastornos y por qué estas personas puedan necesitar ayuda. Sea cual fuere la configuración que exista dentro de su complejo mental y dentro de su cerebro biológico, a menudo es vuestra sociedad, vuestra cultura, vuestro complejo social lo que pone a estas personas en conflicto y crea el sufrimiento y la necesidad de que se les ofrezca ayuda.
Es importante darse cuenta de que estas personas no son disfuncionales de manera innata, sino que sufren esta distorsión en relación con vuestro complejo social, que habéis construido vosotros y vuestros otros yoes. Lo que puede causar este sufrimiento es precisamente la definición del trastorno que se les atribuye. No pretendemos decir que tal etiqueta deba considerarse ofensiva o inútil, sino más bien que dicha etiqueta debería ampliarse para incluir no solo al individuo, sino también a vuestra sociedad. Pues ésta también está trastornada, y es dentro de este trastorno donde cualquier individuo que sufre se enfrenta a su sufrimiento.
Para abordar aún más directamente el meollo de esta pregunta, quisiéramos hacer hincapié en que—al interactuar con cualquier otro ser al que queráis servir, en particular aquellos que, debido a las distorsiones de vuestra sociedad puedan parecer estar trastornados, puedan causar cierta incomodidad o confusión en su forma de percibir la realidad, en su forma de interactuar con otros seres y en su forma de presentarse al mundo—ante todo y sobre todo, ellos son el Creador Uno Infinito, al igual que vosotros y que nosotros. Desde la visión última de la creación, son completos y perfectos. No se les debe imponer ningún cambio para sanarlos o aliviar su sufrimiento. Comprended que es así como se le puede ofrecer servicio a cualquier individuo, llevándolo al corazón, donde todos son iguales y todos son vistos en su verdadera naturaleza, como el Creador Uno Infinito.
Esta es la base sobre la que podéis apoyaros para ofrecer servicio. Y además, al interactuar con estas personas, comprended que no hay una forma única de ofrecer servicio. Al conectar con el corazón de amor y comprensión de esta persona, las necesidades del momento se harán evidentes y os comunicarán con su propia inteligencia cómo podéis prestar servicio. Esto requiere escuchar profundamente y acoger al otro yo. Requiere que estéis dispuestos a ofreceros en servicio, pero sin excederos, para no infringir el libre albedrío del otro. Es inevitable, dentro de vuestra tercera densidad, que al intentar ofrecer dicho servicio las cosas puedan torcerse, especialmente cuando intentáis servir a una persona que vuestra sociedad ha etiquetado como trastornada y que tiene dificultades para expresarse según las normas de vuestra sociedad.
Cuando tropecéis y las cosas se tuerzan, comprended que esa es la naturaleza de la tercera densidad. Aunque deseéis ser de ayuda, vuestras acciones puede que no tengan los resultados pretendidos. Intentar ayudar a aquellos a los que se denomina trastornados mentales es algo particularmente delicado y tiene muchas probabilidades de dar como resultado este tipo de tropiezos. Y por ello animamos a los buscadores a cultivar una profunda comprensión y sensibilidad exponiéndoos a la sabiduría y el conocimiento de aquellos que han dedicado sus vidas a estudiar y comprender tales distorsiones, ya sea dentro de los confines de vuestro paradigma actual o fuera de él.
Y cuando haya algún tropiezo o dificultad al ofrecer el servicio, os exhortamos a considerar que, aunque vuestras intenciones hayan sido las de ayudar al individuo, si vuestras acciones han tenido otro resultado, la responsabilidad de proporcionar restitución, sea cual sea, recae sobre quien realizó la acción. Estas interacciones, los tropiezos, los intentos y el fracaso percibido son propios de la tercera densidad, y vuestra perseverancia en el intento de servir y restaurar cualquier cosa que se haya quebrado constituyen vuestro camino de servicio. Este es el fundamento del servicio a los demás dentro de vuestra tercera densidad.
Reiteramos nuestro mensaje anterior de que, en todo intento de servir, comprender que todo es uno, que el otro yo al que intentas servir, al que percibes como alguien que tiene un trastorno mental, eres tú y tú eres él, ésto constituye el fundamento de lo que, con el tiempo, traerá sanación a ti, a él y a todo vuestro planeta. Este es el mensaje que nosotros, la Confederación de Planetas al Servicio del Creador Uno Infinito, os transmitimos en todos nuestros mensajes. Que todo lo que está roto será sanado. Que todo es uno. Y que todo es perfecto. Y lo esencial de lo que tenéis que hacer aquí es simplemente mirar dentro de vosotros mismos y daros cuenta de esto, y luego irradiar esa comprensión hacia el exterior continuamente a través de cada desafío que encontréis. Y cuanto más hagáis esto, más polarizaréis el yo y prepararéis no solo a vosotros mismos, sino también a este planeta para la cosecha, la transición y la elevación a la cuarta densidad.
En este momento, quisiéramos transferir el contacto al que conocemos como Gary. Somos Q’uo.
(Canaliza Gary)
Q’uo
Somos el principio de los que conocéis como Q’uo, y nos alegra poder transmitir una vez más nuestros pensamientos en un intento de prestar servicio a las preguntas de este grupo, no para compartir la respuesta a vuestros interrogantes o deshacer bloqueos por vosotros, sino para ofreceros aquello que podéis usar, o no usar, para ayudaros en vuestro propio viaje. Os pedimos de nuevo, por favor, que de estas palabras extraigáis el significado que más resuene en vosotros. ¿Dónde conectan estas palabras con vosotros en vuestro propio ser? ¿Qué es lo que más os llama la atención? ¿Qué hilo o qué punto de inspiración os inspira a considerarlo más en profundidad?
En este momento, nos gustaría dar paso a la siguiente pregunta de este círculo. Somos los que conocéis como el principio de Q’uo.
J
Me gustaría anticiparme diciendo que esta pregunta me parece que la comparten muchas personas en mi país natal. Así que la pregunta es: para aquellas entidades que son de orientación positiva, ¿cuál sería la mejor manera o la manera correcta de lidiar o aceptar ese catalizador que son la violencia y los combates en Oriente Medio? ¿Qué se puede aprender de estos acontecimientos?
Q’uo
Somos los de Q’uo y hemos recibido tu consulta, hermano mío, y comprendemos lo que motiva que hagas esta pregunta. Porque, de hecho, este catalizador es lo que aflige a muchos corazones, tanto dentro de tu país natal, como dices, como en todo tu planeta, a medida que avanzáis cada vez más hacia la cohesión desde la desintegración de vuestro complejo planetario y os hacéis conscientes de aquellos lugares de este cuerpo planetario que se hallan en conflicto y sufriendo.
Este lugar herido y belicoso, concretamente en vuestro mundo, es un lugar que preocupa en gran medida a la mente del ser planetario. Porque es un centro desde donde han surgido poderosas energías en vuestro mundo, tanto al servicio de la humanidad en el camino positivo como al servicio del yo contra la humanidad en el camino negativo.
Es un lugar que lleva milenios de vuestro tiempo en guerra entre sus gentes. Es un lugar que anhela la paz y que se apaguen los incendios de esos ciclos de venganza y animosidad del vecino hacia su vecino, pero que también se muestra adicto a esos ciclos, incapaz, aparentemente, de superarlos; algunas partes incluso los disfrutan y los buscan, ya que su dolor interior es tan intenso que debe satisfacerse proyectándolo hacia el exterior en forma de chivo expiatorio, de vilipendio, de exclusión, hasta el punto de que el vecino se convierte en un problema que debe resolverse mediante la represión o la eliminación.
Y se lanza una piedra al otro lado de la divisoria, del terreno o del espacio, con la intención de que llegue al otro lado. Y así, se recibe dolor. Y luego, se recoge la piedra, se añade otra y se lanza de vuelta contra el otro yo y el otro grupo; cada bando o bandos o facciones se enfrascan, aparentemente, en relatos de justificación y venganza que les impiden escuchar y empatizar con la experiencia vivida por aquellos a los que consideran diferentes.
Es una situación de desintegración. Y a través de esas líneas divisorias, donde reina la discordia, arden las llamas de la animosidad y el miedo hacia el otro grupo, hacia ese otro yo, y de no aceptación de las maneras de ser de los otros, ya sean sus sistemas de creencias, su cultura o su forma de ser y de buscar al Creador.
No queremos indicar que se trate simplemente de una cuestión de igualar diferencias no reconocidas entre diversos grupos. Porque en el seno de esas diferencias se han sembrado profundamente las semillas que fomentan el elitismo o la privación de la dignidad, del valor y de la valía humanos de los no creyentes. Las ideologías, queridos amigos, también son mecanismos de programación. Y en la medida en que el yo no ha despertado y no ha entrado en contacto con esa luz interior que lo llama a trabajar conscientemente en su corazón, a analizar sus sistemas de creencias, [pero que en su lugar ejerce] la identificación total con el ego, como podríais llamarlo, con el yo que separa, uno continúa siendo un agente inconsciente o un mecanismo de los sistemas ideológicos que empujan al yo a emprender una guerra santa justiciera, con la certeza, incluso, de ascender a una posición en la otra vida por actos de daño de prójimo contra prójimo. Esta situación tiene raíces y semillas que se remontan, como podríais ver en vuestro nexo actual, a tiempos remotos, como hemos mencionado.
Pero tú no pides precisamente una interpretación histórica, sino la cuestión más básica y, si se nos permite calificarla, la mejor: ¿Cómo se relaciona la entidad que sigue conscientemente el camino positivo con este catalizador? ¿Cómo la entidad positiva sirve a los demás en estas circunstancias o en relación con estas circunstancias? ¿Cómo aprovechar un catalizador de este cariz en particular?
Y, hermano mío, nos gustaría recordarte a ti y a todos los que puedan escuchar o leer estas palabras, que el catalizador alza un espejo para que el yo se vea a sí mismo, ya sea el catalizador de vuestras guerras en la región que llamáis Oriente Medio, o el catalizador matrimonial, o el catalizador económico, y así sucesivamente. Al yo se le pide que observe e identifique lo que surge en su interior. ¿Cuáles son las reacciones del yo?
Para llegar a —corregimos este instrumento— para iniciar el proceso de comprender, digamos, estas reacciones y observarlas, es necesario sentir estas respuestas dentro del ser. Este sentimiento es un acto de apertura del corazón al propio catalizador; es decir, sentirlo vulnerablemente, sentirlo sin manipulación, sentir el catalizador tal como es, mirarlo de frente, sea cual sea su aspecto, incluso si parece haber una gran aflicción y desesperación.
Sentir este catalizador pone al yo, a la mente y al cuerpo, y en prácticas más contemplativas al espíritu, en contacto con el catalizador, y le brinda espacio para permanecer en el interior del yo, de tal manera que pueda transmitir su mensaje al yo acerca de quién y qué es el yo; de tal manera que este catalizador pueda señalar el trabajo que se requiere llevar a cabo en el interior del yo. Para la entidad madura y polarizada positivamente, el yo reconoce que el origen de este catalizador, aunque parezca causado por guerras y geopolítica, está siempre y en todo momento dentro del yo. Los acontecimientos en el mundo son lo que son.
Otros yoes, aparentemente externos al yo, ejercerán su libre albedrío como deseen, en armonía o en discordia. Esto puede tener diversos efectos materiales sobre el yo en los ámbitos político, social, económico, etcétera. Pero la respuesta interior a este evento o acontecimiento es obra del propio yo—de naturaleza inconsciente en la mayoría de los casos.
En vuestro mundo, por lo general, uno no elige conscientemente cómo reaccionar, sino que más bien explora cuál es la mejor manera de responder a la reacción que ya bulle desde lo más profundo, desde fuentes inconscientes dentro del ser. Sea cual sea el desencadenante inmediato de este catalizador, el trabajo consiste, como hemos descrito muchas veces, en el amor y la aceptación, y en conectarse y expresarse mediante esta energía [de amor y aceptación, que incluye] el perdón, compasión y misericordia.
De hecho, esta es una de las formas más poderosas en que una entidad de tercera densidad, aparentemente desprovista de poder, puede contribuir a la sanación de esa región: trabajando de manera disciplinada sobre su propio catalizador, para poder asumir la responsabilidad de su propia realidad interior y descubrir dónde hay guerra dentro de uno mismo, dónde hay juzgamiento dentro de uno mismo, dónde existe el deseo de corregir los errores mediante la fuerza. Y poder darse cuenta de dónde se ha quedado el yo anclado en la ira, en narrativas que sumen a vuestros pueblos en toda clase de conflictos, y en este conflicto en particular.
No queremos decir con esto que estas narrativas, estos hechos, carezcan de importancia o puedan descartarse con un simple gesto de la mano como “ilusorios”. Más bien, aconsejamos a la entidad positiva que observe en qué medida le conmueven tales hechos y si ello le lleva a profundizar y ampliar su amor, o si, por el contrario, le lleva a restringir el círculo de la compasión, a crear en su mente parcelas identitarias o categorías de aquellos que “son menos que el Creador” o “son otra cosa distinta del Creador”, en contraposición a aquellos que puedan ser vistos como afines al yo.
Al observar dónde emergen esas reacciones dentro del ser, y dónde nota el yo que surgen las energías de la separación, el yo, si está en el camino positivo, si se trata de alguien que desea conocer más plenamente al Creador dentro de sí y como sí mismo, habrá encontrado dónde hay trabajo por hacer.
Pues hay un largo camino hacia la integración, un camino de búsqueda y de unificación. Hay un largo camino para aprender a aceptar aquello que ha sido rechazado, aquello que ha sido visto como algo distinto a uno mismo. Hay un largo camino para interiorizar todo esto. Esto no significa que uno esté de acuerdo con una narrativa en particular, sino más bien que uno vea quiénes y qué son aquellas entidades [que están] atrapadas en un sueño dentro de otro sueño de infierno y guerra. Uno ve la unidad. Uno siente la unidad. Uno sabe, a través de un trabajo disciplinado a lo largo del tiempo, que es uno con esos otros seres, ya sean árabes, judíos u otros. Esto eres tú. Esto es el Creador.
Y esta toma de consciencia, hacia la que apuntan nuestras sencillas palabras, es más poderosa y radiante que cualquier palabra nuestra o que cualquier palabra en general pueda describir, cuando se realiza sinceramente dentro del ser a través del portal de acceso. La luz—que se genera automáticamente al reconocer al yo y a los otros yoes como el Creador—es lo que disipa la oscuridad que crea el entorno en el que estas guerras se perpetúan.
Vosotros, queridos amigos, y todos los que habéis respondido a la llamada de vuestra luz interior, tenéis un poder que apenas habéis comenzado a percibir y a aprovechar. No se trata de un poder para controlar. No se trata de un poder que eleve al yo sobre un pedestal para que todos le rindan gloria. Es un poder humilde, pero es un poder en el que el yo, haciéndose cada vez más evidente a través del trabajo del amor y la aceptación, se convierte en un portal, por así decirlo, para que el Creador fluya hacia el sueño en el que vuestras gentes duermen e implementan un sufrimiento tras otro.
Pero mucho antes incluso de llegar a esta toma de consciencia más profunda o más amplia, está el simple acto de permitir que la empatía inunde el corazón—incluso y especialmente hacia aquellos que se perciba que han hecho mal, incluso si, según los estándares interpersonales de vuestra sociedad, otros han hecho mal o han cometido crímenes o injusticias—; de permitir que la empatía impregne y trascienda estas categorías mentales; y contemplar a aquellos que sufren, y reconocer el sufrimiento como tal; contemplar a aquellos que, como diríais, se encuentran en medio del fuego cruzado, aquellos que solo desean vivir una vida basada en aquellos valores, que son válidos en todo el mundo, de formar una familia, de ver crecer a los hijos, de atender a la comunidad, de prestar servicio. ¿Cuántos en vuestro mundo, en repetidas ocasiones, están sometidos a aquellos que quieren luchar una, y otra, y otra vez?
También habéis preguntado qué hay que aprender. Y, hermano mío, nosotros no podemos aprender por vuestras gentes. Sin embargo, podemos sugerir que aprender a encontrar el amor, incluso cuando esté presente la belicosidad, es una lección clave para vuestro mundo. Y podríamos decir que esta región concreta de vuestro planeta ofrece la oportunidad de una sanación global. Porque ha servido como una especie de microcosmos de las dinámicas que han azotado e infectado a vuestras gentes con separación y animosidad.
No tenemos la clave para desenredar esos nudos aparentemente irresolubles, esos dilemas, problemas y paradojas que preocupan a las mentes más brillantes. Pero os decimos que, dentro de un corazón abierto y de una consciencia más elevada que comienza a aflorar a medida que ese corazón se expande hacia el amor incondicional y universal, los milagros se hacen posibles.
Y en este momento quisiéramos preguntar si hay alguna otra consulta a la que podamos responder. Somos los que conocéis como Q’uo.
Interrogador
Gracias, Q’uo. La siguiente pregunta es: ¿Cómo puedo transmitir y compartir la espiritualidad y la forma de vida consciente y de amor de manera preferible y adecuada, especialmente en lo que respecta a no infringir el libre albedrío del otro yo?
Q’uo
Somos Q’uo, y hemos recibido y apreciamos esta pregunta, hermana mía. Antes que nada, encomiamos la sensibilidad del impulso dual del deseo de compartir a fin de beneficiar, elevar, sanar, potenciar y apoyar al otro yo con la sensibilidad de no imponer dicho servicio, de no tender la mano antes de que sea necesario o se solicite, de no causar daño con la aparente buena intención de ofrecer servicio.
A cualquiera que se plantee esta cuestión, le aconsejaríamos que el paso más importante en este delicado equilibrio es considerar la cuestión. Muchos, convencidos de la rectitud de su servicio al otro yo o a los otros yoes, proceden sin tomarse un momento siquiera para considerar el impacto de su servicio, para considerar siquiera si se lo han solicitado. Por el contrario, creen saber que han encontrado el modo correcto, y que el otro yo haría bien en escuchar ese modo, incorporarlo y seguirlo como corresponde.
Esta dinámica, que se manifiesta en vuestros complejos de distorsión religiosa, ha precipitado un gran sufrimiento sobre vuestro planeta, ya que el Grupo B ha tratado de imponer su servicio al Grupo A, incluso a punta de espada; y ha tratado también, en ocasiones, de erradicar las concepciones, la forma de ser y las maneras de ver el mundo del Grupo A, por así decirlo.
Las personas con esta tendencia no se han planteado esta pregunta. O si lo han hecho, han soslayado la cuestión basándose en la rectitud del servicio que deseaban ofrecer y [en su lugar] se han dejado llevar por energías de conquista. Y a menor escala, esto puede quedar de manifiesto incluso en la intimidad de la relación entre dos personas, en la que uno tiene, o más bien cree estar seguro de tener, la respuesta para el otro. Este instrumento es consciente de tales dinámicas, incluso dentro de su propio ámbito matrimonial y de la riqueza de oportunidades que ello ofrece para el aprendizaje de los límites, las dinámicas y los mecanismos de dos libres albedríos. Animamos al yo que busca este equilibrio a que se plantee preguntas relacionadas con lo que ese yo está pidiendo y necesita. Por supuesto, esa necesidad no siempre se expresa de forma verbal y explícita. Esa necesidad puede manifestarse de diversas maneras. La persona amada puede retraerse por el dolor, puede apartarse de una situación. Y a través de ese acto puede, no siempre, pero puede estar emitiendo una petición, una llamada de auxilio. Y quien se haya sensibilizado a la necesidad de este ser querido puede entonces acercarse y preguntar: ¿Estás bien? ¿Qué puedo hacer para ayudarte? ¿Qué es lo que necesitas? Ante una situación así, puede que no sea acertado quedarse sentado esperando a que el yo que se ha retraído solicite ayuda.
En otras ocasiones, tal vez el yo que, en este caso concreto, se ha retraído, en realidad no desea que se le acerquen. En este solo caso de estudio, digamos, se da una gran variedad de complejidades y un amplio espectro de experiencias.
Por eso no existe una respuesta única válida para todos. Se necesita sensibilidad. Y uno puede, como este instrumento sabe que el que conocemos como Austin ha ejercitado conscientemente de forma disciplinada, imaginar al yo metido en la piel del otro yo, viviendo las circunstancias de sus otros yoes. Imaginando ver el mundo a través de sus ojos: ¿Qué es lo que ven, qué es lo que sienten? ¿Tienen miedo? ¿Están lastimados? ¿Creen que ellos mismos se hallan limitados? ¿Están actuando con ira motivados por lo que tú sabes de su propio pasado? O por lo que puede que tú no sepas de su propio pasado, como realmente ocurre en la mayoría de los casos dentro de vuestras dinámicas interpersonales.
¿Cómo podrías verles mejor, a aquellos a quienes deseas servir con compasión y no juzgándoles o con ira? Comprendiendo que si estuvieras en su piel, viviendo su experiencia en su totalidad, tu realidad sería como la suya. A través de este tipo de ejercicios, uno puede dejar de lado sus certezas y complejos mentales para intentar ponerse en el lugar del otro. Y luego preguntarse: ¿qué es lo que este otro yo puede estar pidiendo o necesitando? Y actuar en consecuencia, pero siempre con sensibilidad.
Si bien es imposible, por supuesto, ponerse verdaderamente en la piel del otro yo dentro de vuestra densidad, estos ejercicios pueden abrir canales que antes no se habían encontrado dentro del corazón al involucrarlos de una manera sincera e intencional. Y al hacerlo, es posible desplazarse fuera del ámbito de la imaginación, por importante que sea esta facultad para generar esta empatía, y empezar a sentir realmente el cuerpo energético del otro yo.
¿Y preguntas cómo podrías compartir tu espiritualidad? Os recordamos a todos que la espiritualidad de uno se comparte mínimamente en forma de filosofía articulada. Ya sea que tu espiritualidad considere que el sol es el arquitecto local de tu sistema, como lo propone la Ley del Uno, o que la luna está hecha de queso, como quizá sea tu caso, tu espiritualidad se comparte, ante todo y sobre todo, a través de tu ser.
La persona sencilla, tal y como vosotros podríais verla, purificada de las numerosas complejidades que aman vuestras gentes—sencilla en su entrega al amor, en tratar al forastero con amabilidad, en acogerlo en su corazón, en responder a la ira con amor, y así sucesivamente—el campo espiritual y la espiritualidad de esta persona pueden brillar e irradiar con mayor intensidad y fuerza, y tener un mayor impacto en aquellos con quienes se encuentra, que el yo que, con gran claridad, se explaya filosóficamente sobre la naturaleza de las cosas y los valores de la vida.
Esto no pretende en modo alguno denigrar o minimizar el servicio de la filosofía o las creencias, ni aquello a lo que el intelecto pueda dar voz. Porque, queridos amigos, al igual que vosotros sabéis por vuestra propia experiencia al entrar en contacto con sistemas de creencias y sistemas espirituales—que promueven el libre albedrío y la soberanía del yo y de todos los seres, que apuntan a la unidad de la creación y a la centralidad del amor y la luz dentro de esa unidad—, tales sistemas pueden liberar al yo de sus prisiones internas, pueden señalar el camino hacia la sanación interior del yo, pueden ayudar al yo a disipar aquellas antiguas creencias que lo habían limitado a un concepto, a la concepción ilusoria de un pequeño ser separado de su propio valor y poder, aislado del amor con el que incondicionalmente es sostenido a los ojos y el corazón del Creador.
Comunicar las propias creencias también puede ser importante, pero no deja de ser una manifestación de la mismidad del ser. El ser puede pronunciar muchas palabras hermosas sobre la unidad de la creación, pero puede guardar en su corazón una incongruencia con esas palabras que no analiza o que incluso pueden alimentar el resentimiento y la amargura, el prejuicio o la condescendencia hacia los demás. Y aunque de intelecto a intelecto, por así decirlo, puedan recibirse las creencias comunicadas, a un nivel más profundo el yo estará transmitiendo ese resentimiento, amargura o consciencia de separación. Pero cuando ambos pueden alinearse, esto es, el ser y la comunicación del rayo azul de la mismidad del yo y sus pensamientos y su servicio a los demás, el yo podrá de hecho prestar un servicio potente.
Una vez más, sencillamente nos gustaría recordar a quienes estén considerando esta cuestión, que el trabajo realizado sobre el yo para perdonarse a uno mismo y todas sus maldades, según su perspectiva, así como los errores del pasado, para extender ese perdón a los demás, para sanar aquellos asuntos y acontecimientos que mantienen el corazón bloqueado y el yo desbalanceado, es también realizar un trabajo sobre el mundo mismo; y, por lo tanto, es también compartir la propia espiritualidad.
Y el fruto de este servicio, de compartir la espiritualidad, se produce entonces de forma natural. Este servicio no es algo que requiera una acción externa, sino que emana, al igual que la luz del sol, de vuestro ser. Incluso antes de mover un dedo, abrir la puerta o respirar, es vuestra propia existencia la que constituye el servicio.
Y para aquellos de vosotros que deseáis ofrecer esos pensamientos liberadores, o más bien, aquellos pensamientos en respuesta a los cuales habéis experimentado la liberación, siempre existe la perspectiva de dejar caer las semillas. De comunicar aquello que el yo ha encontrado valioso —no aquello que el otro yo haría bien en escuchar—, aquello que ha ayudado al yo, en pequeñas dosis, por así decirlo. Y si hay un terreno fértil donde se ha dejado caer esa semilla, entonces esa semilla crecerá. Y el otro yo, que ha sido el receptor del servicio, puede, ya sea en ese momento o en los años por venir, permitir que esa semilla crezca, y seguir su curso y mostrar curiosidad e interés y, así, dar paso a que se comparta aquello que emociona al yo compartir.
Concluiremos recordando que cada yo es único, complejo y desconocido, incluso para sí mismo en su mayor parte. Y cada otro yo se encuentra también en el mismo predicamento de ser único y desconocido para sí mismo en su mayor parte, y de actuar de maneras de las que ni siquiera comprende el porqué, empujado aquí y allá por sus propias emociones, sus propios pensamientos, sus propias necesidades y deseos. Y así, cada relación es doblemente única y doblemente confusa, por lo que se precisa una gran sensibilidad y cuidado para determinar y discernir cómo navegar por estas dinámicas tan complejas. Y la intención de ser sensible es un buen punto de partida.
Agradecemos a quienes han formulado estas preguntas por la oportunidad que nos han brindado de compartir con vosotros nuestras humildes reflexiones para someterlas a vuestra consideración. Tan sólo tenemos la esperanza de que os sirvan de punto de partida para vuestra propia contemplación y trabajo disciplinado en la conciencia en vuestra búsqueda del Creador Único.
En este momento, quisiéramos transferir nuestro contacto al que conocemos como Austin. Somos los que conocéis como Q’uo.
(Canaliza Austin)
Q’uo
Somos Q’uo, y estamos una vez más con este instrumento. Y, de nuevo, compartimos con júbilo nuestra gratitud con este grupo por invitarnos a unirnos a vosotros y compartir nuestros pensamientos sobre las preguntas que habéis formulado para vuestra reunión. Porque al invitarnos, llamarnos y solicitar nuestro servicio, vosotros nos prestáis un servicio al permitirnos compartir con vosotros lo que somos. Porque debemos esperar a la llamada, y estamos muy contentos de responder.
Al abandonar esta reunión, nos gustaría haceros una sugerencia. Estamos al tanto de que, en su sentido ritual, al concluir este círculo, cantaréis una canción juntos. Mientras cantáis esta canción, ofreceos a vosotros mismos y vuestros dones a este círculo. Poned en esta canción vuestro corazón, vuestro poder, vuestro amor y vuestra sabiduría. Porque al reuniros durante estos días, habéis formado juntos una especie de complejo grupal, una sobrealma o una forma de pensamiento a la que podéis recurrir en vuestro futuro cuando volváis a vuestro atribulado mundo y recorráis la dificultosa tercera densidad, y os sintáis cansados y se os presenten retos y dificultades y sintáis que vuestra inspiración y vuestras baterías se han agotado. Podéis recurrir a esta entidad que constituye vuestro colectivo compartido. Y al cantar juntos la canción, podéis enfatizar y ofreceros a vosotros mismos para cristalizar esta entidad.
Y también os hacemos la sugerencia de que, a medida que transcurra vuestro día y meditéis, podéis solicitar nuestra presencia, y nosotros nos uniremos a vosotros en vuestra meditación. Aceptaremos la invitación a vuestro corazón abierto y compartiremos con vosotros la generosidad del Creador Uno Infinito. La experiencia de estar con vosotros en vuestro corazón es una de las experiencias más hermosas que nosotros, los de Q’uo, podemos experimentar.
En este momento, nos despediremos de este instrumento y de este círculo. Y os dejamos como os encontramos, en el amor y en la luz, en el poder, la paz y la gloria del Creador Uno e Infinito. Adonai, queridos amigos. Adonai vasu borragus.